Centroamérica9 de marzo de 2024

Haití prolonga el estado de emergencia ante la situación de violencia e inseguridad

La escalada de violencia en Haití, una constante desde 2021 tras el asesinato del presidente Jovenel Moise, no deja de crecer. En la última semana tuvo un pico con el ataque de grupos de bandas criminales a las dos principales prisiones del país, aprovechando la ausencia del primer ministro Ariel Henry, que se encontraba en una gira por el Caribe y África.

El estado de emergencia de 72 horas declarado el 4 de marzo para la captura de presos fugados fue prorrogado por un mes con el decreto publicado tras el Consejo de Ministros, con el fin de “restablecer” el orden público.

La policía, que toma amplias medidas de seguridad en las calles de la capital, Puerto Príncipe, está llevando a cabo redadas en los lugares donde están afiliados los pandilleros fugitivos. Debido a los enfrentamientos, se escucharon disparos desde muchos puntos de la ciudad.

La acción violenta dejó más de una docena de muertes y permitió la fuga de más de 3 mil reclusos. Los autores del asalto, pidieron la renuncia del primer ministro Ariel Henry. El gobierno respondió decretando el estado de emergencia e impuso un toque de queda nocturno.

Como antesala de los ataques a las cárceles, los grupos armados habían tomado comisarías y asesinado a varios policías. Un dato que explica la espiral violenta, es la unión de pandillas históricamente rivales para destituir al gobierno. Un grupo armado intentó incluso tomar el aeropuerto internacional Toussaint Louverture, y aunque fueron repelidos por policías y soldados, el ataque provocó la suspensión de todos los vuelos, incluido el que traía de regreso al país al primer ministro, quien debió aterrizar en Puerto Rico.

Haití es el país más pobre de América. Desde hace décadas enfrenta crisis políticas, económicas, de salud y seguridad, que se intensificaron tras el asesinato del presidente Moïse, cuya muerte provocó un vacío de poder ocupado por organizaciones criminales.

Se estima que controlan el 80 % de la capital, Puerto Príncipe. Desde el magnicidio, el país está gobernado por el cada vez más débil e impopular primer ministro Ariel Henry, y las pandillas advierten que están en condiciones operativas de doblegar a las fuerzas de seguridad estatales.